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jueves, 7 de febrero de 2013

Stop motion remasterizado de los juegos olímpicos

  

Esta es una versión "remontada" de una animación que hice a principios de los 90 (debería tener unos 12 años) con la cámara que mi padre compró para mi comunión. 

    Es decir, la compró para grabar mi comunión, con la excusa que era un regalo para mí (cómo el capítulo de los Simpson en el que Homer le regala un bolo a Marge). La aproveche bastante para hacer mil paridas. Creo recordar que era una cámara Sony, de las que funcionaban con cintas electromagnéticas de 8 milímetros.

martes, 8 de noviembre de 2011

APAÑOS (I): VOZ EN OFF

"Mira, qué majo, el perrete. Perrete, perrete! Un poco abstentista sí parece, porque este perro pastor está descuidando al rebaño. O eso, o tiene un ojo en la nuca (o en el rabo), para controlarlas... O las intuye, como son tan listos!... La foto la hice en Formigal".

Esto que acabo de añadir era un pie de foto. Su equivalente en vídeo sería la voz en off. Hoy hablaré de la VOZ EN OFF. A mi en el cine no me gusta la voz en off. No mucho, por lo menos. Para contar las cosas, ya están las imágenes. La voz en off es para ahorrar dinero, señores. Por eso Woody Allen es rico. Gracias a la voz en off.

Empiezo hoy una sección, de esas que se empiezan y nunca se continúan como los coleccionables de septiembre (qué tal los lleváis?): "Apaños". Pues eso, la voz en off es un apaño.

De entrada el término es poco exacto. Según los manuales, la voz en off pertenece a un personaje, fuera de plano. Si se trata de un narrador es VOZ EN OVER. Mal empezamos.

IMÁGEN VS VOZ EN OFF

Emociones. Tal o cuál personaje está enfadado. Puedo contarlo con un gran actor, con una excelente expresión, añadiendo un sintético diálogo que rezume dobles sentidos y significados latentes, o meterle una voz en off, la vaselina del cine sonoro.

Elipsis. Puedo solucionar una elipsis con una buena puesta en escena que demuestre qué cosas han cambiado, mostrar detalles que lo signifiquen,... o calzar una voz en off (over!).

Puesta en antecedentes. Una secuencia resumen es cara de grabar, y a veces costosa de resolver. Resumir un libro de 500 páginas en unas 3 horas de película es difícil en imágenes, pero si le añadimos una explicación en voz en off... problema resuelto.

Acción. Si para entender lo que pasa en la película tienes que añadirle una voz en off, es que no lo estás contando bien en imágenes. Eso es así, aunque le pongas una voz en off del mismo personaje muchos años después, a lo "aquellos maravillosos años", estás haciendo trampa. Pero mola mucho.

Bonus track: Una especie del Frankenstein de la voz en off sería los comentarios del director en los DVD's.

Espero que los defensores de la voz en off no estén ofendidos. Y si no, les propongo que relean la entrada añadiendo una voz en off en la que se explique que era todo fina ironía y pelín sarcasmo.

Para acabar, aquí os dejo un par de consejos para cinéfilos: 1) no vayáis a ver la segunda o tercera parte de una película sin haber visto las anteriores, porque no os enteraréis de muchas cosas, 2) las palomitas de casa son más baratas que las del cine.


lunes, 23 de mayo de 2011

Pobre canario

Otra vez "procrastinating", me encuentro escribiendo en el blog. Así es, en estos momentos debería estar haciendo otra cosa: estudiando para mi examen de francés. Por eso mismo, para huir de mi verdadera responsabilidad, os voy a contar una triste historia. El triste final del canario Pavarotti.

Ya sé que dije que era un tipo molesto, que cantaba sin cesar a todas horas del día, especialmente si ponía la tele. Pues bien, despareció de su jaula una noche, hace un par de semanas. En el balcón había un rastro de plumas, inequívoco indicio de que el suyo no fue un final feliz. El hallazgo lo hizo mi madre, realmente afectada. Sin esperar más de un día y, por tanto, sin prolongar mi descanso más de 24 horas, fue a la tienda de animales para buscarle un amarillo sustituto. Allí le dijeron que algún tipo de ave urbana se estaba encargando de "cepillarse" a tan domésticos pajaruchos, aprendices de moviolas, abriendo la jaula si era necesario para ello. Sofisticado asesino y pobre Luciano.

En la misma pajarería le indicaron a mi madre que habría que esperar para buscarle sucesor. Según parece, aún no es época de cría de canarios, así que habría que alargar en silencio el luto a Luciano Pavarotti, nuestro "tenedor". Luto que incluso está siguiendo nuestra tele, muda, tras estropearse el aparato de TDT no sé si de pena por la falta de tan cantarín amigo y su tititi pipipiri pi fiufiu.

Ya sé que dije que era un tipo molesto. E incluso pedí que alguien lo callase, en este mismo blog. Pavarotti ya no ha vuelto a cantar, y no me despierta por las mañanas-mediodías-tardes-noches. Pero su jaula sigue ahí, como amenazando de que algún día volverá su sonido. A veces la miro de reojo, como esperando oir de nuevo su sonido en cualquier momento.

Lo sé, dije que era un mamoncete amarillo. Un cansino que no cesaba en todo el día. Pero yo no quería para él este final. De hecho, cierto sentimiento de culpa me invade. Era un tío simpático, un poco ruidoso solamente. Quizás tan sólo cantaba para sentirse bien. Espero que esta entrada sea entendida como un pequeño homenaje. Va por ti, Pavarotti, allí donde estés... molestando.

martes, 21 de septiembre de 2010

EL REBAÑO


Eso es la seguridad: un doloroso mordisco. Así nos devuelven al nido. Ciegos, sin apenas movernos, creemos que podemos explorar el exterior. Pero nuestro única arma de defensa es nuestro miedo, y nuestros gritos de auxilio hacia la madre protectora. Algo debe haber ahí a fuera, peor que un bocado, y por eso preferimos dar marcha atrás, para que nos recojan del pellejo, y volver con nuestros hermanos. Los gatos aprenden pronto a rugir. O a soplar. Es una manera de pedir la distancia. No ven, no oyen, pero sienten el calor de quien se acerca. No nos conocen, y nos piden que no nos acerquemos. Tienen unas uñas pequeñas, finas como alfileres. Son inofensivos: pero ya saben soplar. Sólo les importa tener cerca a su madre para poder mamar, y el calor de la manada. Aún así, algunos gatitos deciden salir a explorar. Algo les atrae, pero también tienen miedo. Pronto vuelven al nido, asidos del pellejo, mientran mahúllan, muy bajito, y tiernamente. Cómo tú.

sábado, 26 de junio de 2010

¡Que alguien calle a ese canario!



Hincha el pecho, prepara su pico, yergue sus patas, y lanza su cantar. No le importa que sean las siete de la mañana, No le importa lo más mínimo.

No sé si el canario que vive en mi casa tiene alma de artista sin horarios, o su preocupación es la de no dejar descansar a nadie. Pero nunca le parece que ha cantado suficiente. Por la mañana, a mediodía, por la tarde mientras ves la tele, cuando llaman por teléfono... Cualquier momento es bueno para desplegar su : tititi pipipiri pi fiufiu interminable, con el que a veces intenta llamar la atención. No sé si es macho y busca hembra, o si es hembra y busca macho, por eso de que el sexo condiciona el comportamiento, el humano y el de los animales.

Le puse de nombre Luciano Pavarotti, el tenor. Curiosa palabra, la de tenor, a mi de pequeño me recordaba a un tenedor. Un tenedor cantarín, con 4 dientes. Pues bien, Luciano Pavarotti no tiene horarios. ¡Gracias por despertarme media hora antes de lo debido! Media hora menos de descanso, mamoncete amarillo.

Lo más curioso del caso es que no todos los canarios son así de plastidecors. Este es el tercero que tiene mi madre, en un plazo de medio año. Los otros eran muy silenciosos, quizás un poco enfermitos. Pero este está hecho un toro. No canta mal, pero es cansino. Como si la radio pusiese siempre la misma canción por muy buena que sea. Por ejemplo, I've got a feeling. "Qué canción más buena, qué buen rollo da". Pues no. "Hola, soy Toni Aguilar, de los 40 principales. Esta semana repite en el número 1, bueno, y en el 2, 3, 4, ... 40 I've got a feeling". Y ponen la canción una y otra vez. Algo parecido a cómo hacen los niños con las películas de vídeo (ahora DVD). La repiten una y otra vez. Saber qué va a pasar es mucho más placentero para ellos que el factor sorpresa. Y repiten los diálogos, again and again. Cómo mi hermano y yo con Los Rescatadores en Cangurolandia, aún recuerdo al Albatros preparándose para el rescate: "flexiones!... Bueno, con una basta". Pues eso, que el canario es un cansino.

No lo saco al balcón, por que mucha exposición al sol no es buena. Y si le digo que se calle, me hace caso sólo un rato (lo juro que es verdad). Ahora mismo, mientras escribo esto sigue cantando, y mientras lo lees, seguramente también. Así que, ¡que siga la fiesta, maldito canario!